Manifiesto por el Tajo

 

El río Tajo no es sólo agua. Es agua y mucho más.
Es cultura viva, la columna vertebral y el eje, de las tierras y pueblos por los que fluye.
Tal vez lo hayamos olvidado, pero el Tajo no. Y el siempre sigue ahí, a pesar de que
tratemos de vivir de espaldas al río y a sus afluentes. A pesar de que las decisiones
sobre lo que se le hace o no al río nos parezcan lejanas, complicadas, cosas de
políticos... La única realidad que queda para nosotros, para los ciudadanos, es
asomarnos al río, y contemplarlo moribundo, enfermo, exhausto, y maloliente, y aunque
las voces oficiales nos machaquen diciendo que éste es el precio del progreso, en
nuestro interior, sabemos que un progreso que destruye de esta manera a los ríos y la
naturaleza, nuestras raíces y señas de identidad, acabará tarde o temprano por
destruirnos también a nosotros.
No somos dueños de los ríos, no somos dueños de sus álamos blancos, de sus bosques
de ribera, de los seres y de la vida que continuamente bulle y brota a través de ellos,
cuando la dejamos. No somos los dueños de la naturaleza, somos parte de ella.
Por eso, cuando miramos nuestros ríos, cuando miramos al gran Tajo seco, o convertido
en una cloaca, sabemos que también es una parte de nosotros la que enferma y muere.
Todavía queda gente que recuerda cómo era el río Tajo cuando nos atrevíamos a mirarle
a la cara, a compartir con él nuestra vida, y aceptábamos la generosidad de sus riberas y
de sus aguas turquesas. Pero los más jóvenes, los niños, no conocerán ya al Tajo vivo,
sino un sucedáneo, un río esclavo y prisionero de nuestro egoísmo y nuestra
especulación. Las siguientes generaciones apenas conocerán ríos vivos. Tendrán
fotografías y archivos gráficos, imágenes en Internet… que serán sombras de lo que un
día se nos ofreció con generosidad y destruimos.
Los políticos, los que toman las decisiones, son parte de la sociedad. Nosotros somos la
sociedad, los ciudadanos que vivimos cerca o no del río Tajo, pero que lo amamos y
sabemos lo que significa. El Tajo vivo, el Tajo íntegro, el Tajo como unidad, con todos
sus afluentes y ríos hermanos. Eso que tan bien saben escribir los políticos en los
papeles y las leyes pero que en la realidad nadie cumple. Nosotros, los ciudadanos,
conocemos al Tajo niño cuando nace y da sus primeros pasos, en la hermosura y el
silencio de la Sierra de Albarracín y los Montes Universales, en tierras de Teruel y en la
serranía de Cuenca. Conocemos al Tajo adolescente que se lanza confiado entre los
cañones y gargantas del Alto Tajo, y que detiene su ímpetu y su fuerza en Entrepeñas y
Buendía. Conocemos al Guadiela, al Escabas, al Gallo… y a todos los ríos hermanos
que se unen al Tajo en su camino. Conocemos Bolarque y cómo la sangre del Tajo
adolescente se succiona hacia el hormigón y la especulación de tierras lejanas. Sabemos
en lo que se transforma el Tajo joven, cuando exhausto y sin apenas aguas, recibe a la
serpiente negra del maltratado Jarama, de lo que queda del Manzanares, o del
Guadarrama. Sabemos cómo era el Tajo antes y no lo reconocemos en el río
contaminado y sin apenas caudal que ahora pasa por Aranjuez, por las tierras de Toledo,
y que a veces ya no llega a unirse al Alberche en Talavera. Recordamos cómo era el
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color y el sonido de sus aguas, recordamos cómo era bañarse en el río, o simplemente
contemplarlo, paseando por sus riberas. Y ya no reconocemos al Padre Tajo en las aguas
grises y escasas que a duras penas atraviesan ahora las tierras de Castilla. Todavía
contemplamos el Sorbe, el Lozoya, el Tietar y los ríos vivos de Ayllón, de Gredos, de
Gata, de los Montes de Toledo o de las Serranías de Cuenca o de San Pedro, temerosos
de que acaben siguiendo el mismo camino. Y cuando queremos contemplar al Tajo en
Extremadura, tampoco lo encontramos, sólo vemos a un río ahogado, junto a su
hermano el Alagón, en una serie interminable de presas y embalses, que detienen la
sabiduría y los sedimentos del Tajo, camino de las tierras portuguesas. Conocemos al
Tajo ya maduro, que olvidando fronteras, se hace portugués, recibiendo entre montes al
Zêzere, para después, bajo la atalaya de Almourol, abrirse y ensancharse, camino del
Mar de la Paja, donde el Tajo sabio, ya anciano y venerable, junta sus aguas con las del
Atlántico en Lisboa, sabiendo que así cumple su destino.
Y al recordar nuestros ríos, al añorar al río Tajo y a sus ríos hermanos, no miramos el
pasado, sino que reclamamos el futuro, y el presente que se nos está quitando.
Los ciudadanos que vivimos cerca o no del Tajo y sus ríos, pero que los amamos y
sabemos lo que significan, los reclamamos como patrimonio natural, histórico, cultural,
lúdico, espiritual y social. Pero no porque sean “nuestros”. Es cierto que los ríos son de
todos, pero no para explotarlos y expoliarlos, sino para cuidarlos y respetarlos, viendo
más allá del valor productivo y económico de sus aguas. El Tajo no es un tubo de
hormigón, es un río vivo. Enfermo y maltratado por nuestra codicia y nuestra
irresponsabilidad, pero que puede ser sanado y regenerado con responsabilidad,
generosidad, y la inteligencia y los medios que hasta ahora solo hemos empleado para
esquilmarlo y degradarlo.
Por eso, en un tiempo en que se reivindican separaciones y diferencias, nosotros nos
unimos, y reclamamos la unidad y la integridad del río y su cuenca, ya que el amor y el
respeto que sentimos por él no se termina en ninguna de las fronteras y las rayas
administrativas y artificiales que los hombres imponen a la naturaleza. Se comienza
diciendo que un río se pierde en el mar, para a continuación pensar que se pierde en el
país vecino, y luego en la comunidad o pueblo que sigue al mío. Nosotros rechazamos
este planteamiento, y como ciudadanos nos unimos en la defensa del río Tajo íntegro y
de sus afluentes, desde que nace en Albarracín, hasta que desemboca en Portugal.
Lo que no defienden las Administraciones y políticos, lo defendemos los ciudadanos, ya
que en este extremo, y en su forma de actuar respecto al Tajo y sus ríos, no nos
sentimos representados por ellos.
Por tanto, como ciudadanos de la cuenca del río Tajo en España y Portugal, nos unimos
para reclamar a todas las Administraciones competentes, estatales, autonómicas y
locales:
• Caudales ecológicos serios y reales: Basados en los pertinentes estudios, que
sean capaces de mantener y restaurar la vida en el río y sus afluentes. No sólo en
los tramos de río o afluentes mejor conservados, sino sobre todo, en los tramos
más degradados y que sufren más presiones y demandas. Estos caudales,
deberán fijarse al menos en el curso principal medio del río en Aranjuez, Toledo
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y Talavera de la Reina, como forma de garantizar caudales ecológicos en el
curso anterior y posterior del río.
• Calidad: Aplicación de todas las medidas e instrumentos que permitan la
erradicación de la contaminación proveniente tanto de los núcleos urbanos,
como de vertidos difusos, sin olvidar la incidencia negativa que las reducciones
drásticas de caudales tienen en el mantenimiento de la calidad de las aguas.
• Recuperación y regeneración: además de realizar las actuaciones que garanticen
la cantidad y calidad del agua en el río y sus afluentes (tanto en épocas normales
como de sequía), se deben emprender importantes acciones de recuperación de
los bosques y vegetación de ribera y de conservación y mejora del espacio
fluvial, con implicación de los habitantes ribereños.
Para ello, queremos poner en práctica nuestro derecho a participar públicamente en la
toma de decisiones en lo que respecta al río y su cuenca, y que se nos proporcionen
todos los datos, cifras e informes, relativos al estado y la gestión del mismo, con vistas a
nuestra participación activa en el proceso planificador de la cuenca del Tajo que según
impone la normativa europea, debe culminar en el año 2009.
Por este motivo las distintas asociaciones y grupos locales que trabajamos en defensa
del río y de la naturaleza, nos unimos en esta Red de ciudadanos en defensa del Tajo.
Nuestro objetivo es que el río Tajo vuelva a sus ciudadanos, y sea recuperado del rapto
a que le han sometido muchas décadas de abandono, desidia y avaricia. El río Tajo y sus
ríos hermanos, se merecen que nosotros, los ciudadanos de España y Portugal que
vivimos o no cerca de ellos, pero que los amamos y sabemos lo que significan, les
devolvamos el lugar y el respeto que se merecen.

El río Tajo no es sólo agua. Es agua y mucho más.

Es cultura viva, la columna vertebral y el eje, de las tierras y pueblos por los que fluye.

Tal vez lo hayamos olvidado, pero el Tajo no. Y el siempre sigue ahí, a pesar de quetratemos de vivir de espaldas al río y a sus afluentes. A pesar de que las decisionessobre lo que se le hace o no al río nos parezcan lejanas, complicadas, cosas depolíticos... La única realidad que queda para nosotros, para los ciudadanos, esasomarnos al río, y contemplarlo moribundo, enfermo, exhausto, y maloliente, y aunquelas voces oficiales nos machaquen diciendo que éste es el precio del progreso, ennuestro interior, sabemos que un progreso que destruye de esta manera a los ríos y lanaturaleza, nuestras raíces y señas de identidad, acabará tarde o temprano pordestruirnos también a nosotros.

No somos dueños de los ríos, no somos dueños de sus álamos blancos, de sus bosquesde ribera, de los seres y de la vida que continuamente bulle y brota a través de ellos,cuando la dejamos. No somos los dueños de la naturaleza, somos parte de ella.

Por eso, cuando miramos nuestros ríos, cuando miramos al gran Tajo seco, o convertidoen una cloaca, sabemos que también es una parte de nosotros la que enferma y muere.

Todavía queda gente que recuerda cómo era el río Tajo cuando nos atrevíamos a mirarle a la cara, a compartir con él nuestra vida, y aceptábamos la generosidad de sus riberas yde sus aguas turquesas. Pero los más jóvenes, los niños, no conocerán ya al Tajo vivo,sino un sucedáneo, un río esclavo y prisionero de nuestro egoísmo y nuestraespeculación. Las siguientes generaciones apenas conocerán ríos vivos. Tendránfotografías y archivos gráficos, imágenes en Internet… que serán sombras de lo que undía se nos ofreció con generosidad y destruimos.

Los políticos, los que toman las decisiones, son parte de la sociedad. Nosotros somos lasociedad, los ciudadanos que vivimos cerca o no del río Tajo, pero que lo amamos ysabemos lo que significa. El Tajo vivo, el Tajo íntegro, el Tajo como unidad, con todossus afluentes y ríos hermanos. Eso que tan bien saben escribir los políticos en lospapeles y las leyes pero que en la realidad nadie cumple. Nosotros, los ciudadanos,conocemos al Tajo niño cuando nace y da sus primeros pasos, en la hermosura y elsilencio de la Sierra de Albarracín y los Montes Universales, en tierras de Teruel y en laserranía de Cuenca. Conocemos al Tajo adolescente que se lanza confiado entre loscañones y gargantas del Alto Tajo, y que detiene su ímpetu y su fuerza en Entrepeñas yBuendía. Conocemos al Guadiela, al Escabas, al Gallo… y a todos los ríos hermanosque se unen al Tajo en su camino. Conocemos Bolarque y cómo la sangre del Tajoadolescente se succiona hacia el hormigón y la especulación de tierras lejanas. Sabemosen lo que se transforma el Tajo joven, cuando exhausto y sin apenas aguas, recibe a laserpiente negra del maltratado Jarama, de lo que queda del Manzanares, o delGuadarrama. Sabemos cómo era el Tajo antes y no lo reconocemos en el ríocontaminado y sin apenas caudal que ahora pasa por Aranjuez, por las tierras de Toledo,y que a veces ya no llega a unirse al Alberche en Talavera. Recordamos cómo era el2color y el sonido de sus aguas, recordamos cómo era bañarse en el río, o simplemente contemplarlo, paseando por sus riberas. Y ya no reconocemos al Padre Tajo en las aguas grises y escasas que a duras penas atraviesan ahora las tierras de Castilla. Todavía contemplamos el Sorbe, el Lozoya, el Tietar y los ríos vivos de Ayllón, de Gredos, deGata, de los Montes de Toledo o de las Serranías de Cuenca o de San Pedro, temerososde que acaben siguiendo el mismo camino. Y cuando queremos contemplar al Tajo enExtremadura, tampoco lo encontramos, sólo vemos a un río ahogado, junto a suhermano el Alagón, en una serie interminable de presas y embalses, que detienen lasabiduría y los sedimentos del Tajo, camino de las tierras portuguesas. Conocemos al Tajo ya maduro, que olvidando fronteras, se hace portugués, recibiendo entre montes alZêzere, para después, bajo la atalaya de Almourol, abrirse y ensancharse, camino delMar de la Paja, donde el Tajo sabio, ya anciano y venerable, junta sus aguas con las delAtlántico en Lisboa, sabiendo que así cumple su destino.

Y al recordar nuestros ríos, al añorar al río Tajo y a sus ríos hermanos, no miramos elpasado, sino que reclamamos el futuro, y el presente que se nos está quitando.

Los ciudadanos que vivimos cerca o no del Tajo y sus ríos, pero que los amamos ysabemos lo que significan, los reclamamos como patrimonio natural, histórico, cultural, lúdico, espiritual y social. Pero no porque sean “nuestros”. Es cierto que los ríos son detodos, pero no para explotarlos y expoliarlos, sino para cuidarlos y respetarlos, viendomás allá del valor productivo y económico de sus aguas. El Tajo no es un tubo de hormigón, es un río vivo. Enfermo y maltratado por nuestra codicia y nuestra irresponsabilidad, pero que puede ser sanado y regenerado con responsabilidad, generosidad, y la inteligencia y los medios que hasta ahora solo hemos empleado para esquilmarlo y degradarlo.

Por eso, en un tiempo en que se reivindican separaciones y diferencias, nosotros nos unimos, y reclamamos la unidad y la integridad del río y su cuenca, ya que el amor y el respeto que sentimos por él no se termina en ninguna de las fronteras y las rayas administrativas y artificiales que los hombres imponen a la naturaleza. Se comienza diciendo que un río se pierde en el mar, para a continuación pensar que se pierde en el país vecino, y luego en la comunidad o pueblo que sigue al mío. Nosotros rechazamos este planteamiento, y como ciudadanos nos unimos en la defensa del río Tajo íntegro y de sus afluentes, desde que nace en Albarracín, hasta que desemboca en Portugal.

Lo que no defienden las Administraciones y políticos, lo defendemos los ciudadanos, ya que en este extremo, y en su forma de actuar respecto al Tajo y sus ríos, no nos sentimos representados por ellos.

Por tanto, como ciudadanos de la cuenca del río Tajo en España y Portugal, nos unimospara reclamar a todas las Administraciones competentes, estatales, autonómicas ylocales:

• Caudales ecológicos serios y reales: Basados en los pertinentes estudios, quesean capaces de mantener y restaurar la vida en el río y sus afluentes. No sólo enlos tramos de río o afluentes mejor conservados, sino sobre todo, en los tramos más degradados y que sufren más presiones y demandas. Estos caudales, deberán fijarse al menos en el curso principal medio del río en Aranjuez, Toledo y Talavera de la Reina, como forma de garantizar caudales ecológicos en el curso anterior y posterior del río.

• Calidad: Aplicación de todas las medidas e instrumentos que permitan la erradicación de la contaminación proveniente tanto de los núcleos urbanos, como de vertidos difusos, sin olvidar la incidencia negativa que las reducciones drásticas de caudales tienen en el mantenimiento de la calidad de las aguas.

• Recuperación y regeneración: además de realizar las actuaciones que garanticen la cantidad y calidad del agua en el río y sus afluentes (tanto en épocas normales como de sequía), se deben emprender importantes acciones de recuperación de los bosques y vegetación de ribera y de conservación y mejora del espacio fluvial, con implicación de los habitantes ribereños.

Para ello, queremos poner en práctica nuestro derecho a participar públicamente en latoma de decisiones en lo que respecta al río y su cuenca, y que se nos proporcionen todos los datos, cifras e informes, relativos al estado y la gestión del mismo, con vistas anuestra participación activa en el proceso planificador de la cuenca del Tajo que según impone la normativa europea, debe culminar en el año 2009.

Por este motivo las distintas asociaciones y grupos locales que trabajamos en defensa del río y de la naturaleza, nos unimos en esta Red de ciudadanos en defensa del Tajo. Nuestro objetivo es que el río Tajo vuelva a sus ciudadanos, y sea recuperado del rapto a que le han sometido muchas décadas de abandono, desidia y avaricia. El río Tajo y susríos hermanos, se merecen que nosotros, los ciudadanos de España y Portugal que vivimos o no cerca de ellos, pero que los amamos y sabemos lo que significan, les devolvamos el lugar y el respeto que se merecen.

 

(Jornadas de Talavera 20-22 Abril 2007)

 
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