Llévame al Río. Imprimir
Lunes, 08 de Febrero de 2010 13:36

“Llévame al río”. Ese es el lema, aunque en inglés, del proyecto arquitectónico que ha ganado el multimillonario concurso de ideas organizado por la Confederación Hidrográfica del Tajo y el Ministerio “para acercar” el río a la ciudad de Toledo. Es decir, para volver a fundar Caracas en el centro de Caracas, como dicen Les Luthiers.

 

Cien millones de euros para pavimentar las márgenes del Tajo, hacer funiculares, puentes, parques, paseos … y cubrir la vergonzosa gestión que la confederación del Tajo y el Ministerio realizan desde hace varias décadas en este río: trasvasando y vendiendo las dos terceras partes del agua de su cabecera al mejor postor, y haciendo que a su paso por Toledo el ínfimo caudal que dejan al Tajo, pierda toda capacidad de dilución de la porquería y aguas residuales de seis millones de personas, que vienen a través del Jarama. En los años 60 y 70, expertos y técnicos ya avisaron que sin una depuración adecuada de las aguas de Madrid, llevarse tal cantidad de agua trasvasada y privar de su caudal al Tajo, lo iba a convertir en una cloaca en Toledo y su curso medio. Y así ha sido, bajo la decisión consciente y reiterada, tomada trimestre a trimestre, por la misma Confederación y el mismo Ministerio de Medio Ambiente que pretenden ahora tapar la constante traición al rio con cemento, puentes y funiculares.

¿Por qué no van los ciudadanos de Toledo al Tajo? ¿Es que el río, por alguna suerte de extraño conjuro, y tras siglos de abrazarla, se ha alejado de la ciudad?

Hace unos años, viví en Toledo. Y yo si bajaba al Tajo. Iba todos los ratos que podía, me llevaba el ordenador para trabajar cerca de su ribera, me llevaba un bocadillo para comer en su orilla, compartiéndolo con los patos. Pese a los avisos, por lo solitario y degradado, paseaba por la senda que tras los edificios abandonados de la fábrica de armas, bordeaba el río. Y siempre estaba sola. Pero no porque la ciudad o los ciudadanos de Toledo hubieran dado la espalda al Tajo, pues solo hay que ver las fotografías de los años sesenta y setenta, la foto mítica del Tajo azul en Toledo con la gente bañándose en él, sino porque la Confederación, el Ministerio y los gestores que deberían cuidarlo y conservarlo, hace décadas que han dado su espalda al río.

Ya se pueden gastar, cien, doscientos  o mil millones de euros en encementar el río, o cubrir sus márgenes de flores, que si el Tajo no lleva lo que hace tanto tiempo le quitaron, lo que le hace río, -agua en cantidad y limpia-, nadie va a querer acercarse a ver de cerca su degradación, su podredumbre, y la pérdida de identidad y desprecio que eso supone, por parte de sus gestores, hacia una ciudad como Toledo, y el resto de municipios ribereños.

Hace un par de años me llamó una amiga de Madrid. Me dijo que su empresa les había llevado a una Jornada de convivencia y actividades en Toledo, que incluía un paseo en piragua por el Tajo. Al bajar de la piragua, hubo gente que vomitó, debido al estado de las aguas del río. La siguiente Jornada de actividades decidieron llevarla a cabo en Segovia, y no volver a una ciudad que mantenía su principal seña de identidad en tan deplorable estado.

Este es el diagnóstico de lo que le pasa al Tajo en Toledo, de por qué lo han abandonado los ciudadanos. Y en el diagnóstico, ya está implícita la solución: devolver el agua al río, y que esta esté limpia. Sencillo, y sin gastarse millones de euros en estudios técnicos, ocurrencias y proyectos, que como dicen los miembros de la Plataforma del Tajo de Toledo, solo servirán para maquillar y ridiculizar al enfermo terminal. Cuando se le devuelva al río lo que se le ha quitado, el agua, el propio río se encargará del resto. Si se devuelven al río las playas doradas, sus sotos y riberas, sus aguas turquesas, la gente de Toledo volverá a reconocer la parte de sí y de su historia, de su familia, de su vida, que hace tanto tiempo les han robado. Y volverán al río, a las alamedas, a las cristalinas aguas, contemplarán al río desde la orilla o desde los cortados, desde arriba y desde dentro. Tal vez hasta volverán las ninfas del Tajo, documentadas, hace ya tiempo, por Garcilaso. ¿Cómo se pretende acercar al río a la ciudad en la parte más agreste, si en donde el río está a pie de playa, la gente no quiere ni acercarse, ante el insulto y el golpe a la vista y la dignidad de Toledo que supone el contemplar sus aguas escasas y podridas?

Cuando vivía en Toledo y me acercaba al Tajo, cuando durante horas lo contemplaba, me asombraba lo solo, lo enfermo y abandonado que estaba este río, y como todos le daban la espalda. Pero no son los ciudadanos, no es la ciudad de Toledo la que lo ha abandonado. Es la Confederación Hidrográfica del Tajo la que lo ha abandonado, es el trasvase Tajo-Segura, y las aguas mal depuradas, que en compensación, y sin capacidad alguna de dilución, le llegan ya de Madrid. Los ciudadanos de Toledo no reconocen al río Tajo, porque está secuestrado desde hace décadas por una política hidráulica que decidió que sus aguas valían más regando los limoneros y urbanizaciones de Levante. Y eso, ni cien millones de euros, ni todos los proyectos  lo van a poder solucionar. Cuando vuelvan las aguas del Tajo en Toledo, cuando le devuelvan la dignidad y el respeto perdidos, sus ciudadanos mirarán de nuevo al río y lo reconocerán, y como a un viejo amigo, bajarán de nuevo a acompañarle, a disfrutar del sonido y el color de sus aguas, y a escuchar el canto, olvidado, de los pájaros en su ribera.

Cuando vuelvan sus aguas, volverá el Tajo a Toledo.

 

María Soledad Gallego Bernad

Socia de la FNCA y miembro de la Red Ciudadana por una Nueva Cultura del Agua en el Tajo/Tejo y sus ríos.

Última actualización el Lunes, 08 de Febrero de 2010 13:39